Esto lo escribía Herny Kamen (no, lo siento, ni idea de quién era antes de leer su artículo, y después… lo que diga la wikipedia; no se puede saber de todo) en la denominada “columna de Umbral” en El Mundo del pasado viernes.

… Es por esto que la tecnología moderna permite a algunos gastar energía escribiendo blogs, en los cuales hablan consigo mismo, con palabras que flotan por el ciberespacio y que las leen sobre todo aquéllos que tienen poco contacto con la palabra escrita.

¿Son encomiables los blogs? Es posible que no, ya que una buena proporción de ellos son poco más que un popurrí de palabras que sirven para expresar opiniones pero que no fomentan la causa de la literatura o de la información

Ouch. Otro más. Otro que viene a decirme para qué “debería” existir mi blog, a insinuar que no soy digno de tener uno si no lo uso para lo que él cree que debería. En este caso, para fomentar la causa de la literatura o de la información. Hay otros que aseguran que sólo los periodistas deberían hacer cosas de éstas. Otros dicen que debería reflexionar sobre el estado de la blogosfera. Otros que deberían preocuparme las visitas y los ingresos de adsense. Otros dicen que debería cambiar el mundo y subvertir el orden social…

Pues miren ustedes: mi blog está para lo que a mí me da la real gana. Igual que nadie me viene a decir qué tengo que pensar, ni a dónde tengo que ir, ni con quién tengo que hablar… tampoco nadie viene a decirme cómo, cuándo o para qué uso mi blog. Cada uno que lo use para lo que quiera, por que al fin y al cabo no es más que una herramienta de comunicación, una extensión de uno mismo. Pero dejen a los demás tranquilos, no nos juzguen por utilizarlos de formas distintas a lo que “ustedes creen que deberíamos”. Estoy un poco harto de sermones.

Y me da igual que sea una gran corporación, un escritor, un periodista, un académico, un activista o alguien que ha estado en muchos sitios y allí no me vió: cualquiera que se cree mejor que yo, que pretende que yo use esta herramienta para unos fines que son los suyos (no los míos) y que aún encima se atreve a abroncarme por no hacerlo… ha pinchado en hueso. Den sus opiniones, denme informaciones… pero respeten mi libertad de adherirme a ellas o no, de considerarlas relevantes o irrelevantes. Es mi vida, no la suya. Yo decido, no ustedes.

Y es que hay demasiados que, si no piensas como ellos, te desprecian. Eres un borrego cuando no piensas como ellos, eres un inculto cuando no piensas como ellos, eres un ciudadano pasivo cuando no piensas como ellos, eres un intelectualoide cuando no piensas como ellos, eres un autocomplaciente cuando no piensas como ellos.

El mundo es muy grande. Si no te gusta como pienso… vale, ven a contarme cómo piensas tú. Pero si después de eso sigo sin pensar como tú… no es que no te he escuchado, ni que sea tonto; simplemente, no me has convencido. Respeta mi independencia y mi capacidad de decisión como individuo.

Para acabar, una cita de Fernando que me gustó:

Evangelizar no es sermonear. La diferencia es ENORME. Uno: predicar una buena nueva. Dos: si no piensas como yo, te quemas en el infierno