9 de Marzo, 2010
Dos hijos
Hace un año entrábamos en nuestro último mes de embarazo. Expectación máxima. ¿Cómo sería eso de tener dos hijos?
Desde que fuimos anunciando el embarazo, la gente con más experiencia que nosotros nos decía… “uy, ya veréis; que uno más uno es bastante más que dos”. ¿Sería para tanto la cosa? Bueno, pues pasado un año hay que decir que… TENÍAN RAZÓN.
¿Cómo, es que acaso no se nota la experiencia adquirida con el primero? Hombre, vaya si se nota. Es curioso, hay decenas de detalles que con el primero te hacían estar preocupadísimo, y que con el segundo estás muchísimo más relajado. Con el primero el agua del baño tenía que estar a 37,5º, ni décima arriba ni décima abajo. Con el segundo, ¿quema? ¿está helada? pues entonces para adentro. ¿Se caía el chupete? Con el primero a poner agua a hervir para desinfectarlo. Con el segundo lo soplas un poco y hala, a chupar. Y así con muchas cosas.
Pero el problema no es si la experiencia vale o no. Es que ahora, mientras tienes un bebé al que hay que atender igual que atendiste al otro (en nuestro caso es peor; el primero fue mucho más tranquilote, ésta es más bicho), ahora hay otro que tiene sus horarios, que requiere su atención, al que tienes que hacer caso.
Con el primero, si él dormía nosotros podíamos dormir; si él estaba entretenido, nosotros podíamos hacer otras cosas. Si el padre le atendía, la madre podía estar a otros temas (y viceversa). Ahora no. Si la pequeña duerme, la probabilidad de que el otro no esté durmiendo es elevada. Si la pequeña está entretenida, es probable que haya que entretener al otro. Si uno atiende a la pequeña, el otro atiende al mayor.
Así que la experiencia es bastante más agotadora. Hay menos oportunidades para descansar, tanto física como mentalmente. Menos descanso implica mayor irritabilidad. Mayor irritabilidad significa que todo funciona un poquito peor, que estás de peor humor, que discutes más, que es más difícil atender todo lo que tienes que atender.
Por lo tanto, es más importante que nunca hacer el esfuerzo para tomar perspectiva, para darse cuenta de lo maravilloso que es tener una familia, para no dejarse llevar por la irritabilidad y el agotamiento. Hay momentos en que es difícil, sí. ¿Pero compensa? Por supuesto. Con creces.





