Esto pasó hace ya unos cuantos meses. Mi hijo (3 años) y yo estábamos esperando turno en la peluquería. A nuestro lado, otro padre con otro hijo de edad similar. Pasa el tiempo, los niños se inquietan… y la peluquera les da un par de Sugus. Mi hijo lo abre, se lo mete en la boca, y tira el papel a la papelera; “muy bien, Pablo, los papeles a la papelera”. El otro niño lo abre, se lo mete en la boca… y tira el papel al suelo.

Me le quedo mirando, y el niño me sostiene la mirada sin atisbo de problema ninguno. Miro al padre, que no levanta la mirada del periódico. Y entonces va mi hijo, se agacha, recoge el papel tirado por el otro niño, y lo tira a la papelera.

En ese momento, me invadió una sensación agridulce. Por un lado, “orgullo y satisfacción” por mi hijo. Por otro lado, la duda de si no estaremos haciendo de él, educándole para que haga “lo que está bien”, un “pringao”. Porque el otro niño hizo lo que le salió de las narices, nadie le dijo nada y encima el que “pringó” fue el mío. Y si no lo hubiera hecho, el papel seguiría tirado en el suelo.

Si lo extrapolamos al comportamiento adulto, uno tiene a veces la sensación de que hacer “lo que está bien” (pagar impuestos, respetar las normas de circulación, procurar no molestar a los vecinos, no ensuciar la calle, proporcionar un trato justo a colaboradores o empleados, trabajar honradamente, etc.) no compensa. Porque ves a muchos que no lo hacen, y a los que les va estupendamente. Y no sólo eso, sino que al que “hace las cosas bien” le toca suplementar lo que los otros han dejado de hacer, o sufrir las consecuencias. Si eliminamos las religiones de la ecuación (con su inapelable “si eres bueno irás al cielo” o “si eres malo te reencarnarás en boñiga de vaca”… cuán largo me lo fiáis), parece que “ser bueno” no acaba de compensar.

Y es que la sociedad en su conjunto es demasiado tolerante con comportamientos antisociales. Poca gente, a nivel individual, se atreve a afear una conducta; principalmente, porque las consecuencias pueden ser muy desagradables y nadie te va a proteger frente a ellas. Lo fiamos todo a las instituciones (llámese justicia, policía, inspección), pero tienen tan pocos recursos que simplemente no llegan a ejercer una tutela efectiva. ¿El resultado? Que aquí cada uno hace lo que le da la gana, y no pasa nada.

De ahí mi paranoia, de pensar si por enseñarle a “hacer lo correcto” le estoy condenando a ser un “tolili” mientras que otros viven mejor y se aprovechan de él. En fin, cosas del viernes por la tarde.

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