Ayer tenía una reunión con un cliente. Se trataba de comentar el informe que les había remitido la semana anterior, y lógicamente tenía el gusanillo en el estómago: ¿les habrá gustado? ¿lo habrán encontrado útil y con valor añadido?

Lo primero que me dijeron, tras saludarnos, fue: “La verdad es que el informe está muy bien, muy conciso y estructurado… y sobre todo: ¡qué bien nos has entendido! Porque hemos tratado ya con bastante gente y no acaban de entender lo que queremos, pero tú lo has captado estupendamente, y además desde el primer día”.

Creo que me ruboricé y todo. “¡Qué bien nos has entendido!” es un auténtico piropo para mí. Entender al cliente, sus circunstancias y el problema que quieren resolver es el primer paso, el auténtico cimiento de un buen proyecto de consultoría. Es también la base para crear una relación de confianza con el cliente, que vea que estás de su parte, que no eres un “vendemotos” que sólo quiere sacarle la pasta con el menor esfuerzo posible.

En fin, está feo sacar pecho pero qué queréis que os diga, me hizo sentir mucho “orgullo y satisfacción”

Posts relacionados