prohibido fumar

Ésta foto está tomada el pasado domingo, en el intercambiador de Avenida de América en Madrid, mientras esperaba mi autobús para volver a Aranda. Para quien no lo conozca, el intercambiador es un complejo subterráneo donde confluyen varias líneas de metro, líneas de autobuses de cercanías y líneas de autobuses de largo recorrido. Recalco lo de “subterráneo”: hasta tres pisos por debajo del nivel del suelo. ¿Ventilación? No es mala (teniendo en cuenta el volumen de vehículos que circulan por ahí se puede respirar) pero es artificial. Es, en definitiva, un espacio cerrado en el que está prohibido fumar. Algo que se recuerda con indicadores en cada columna… y en cada papelera. Y ya veis. Alguien decidió que la señal de prohibido fumar era para todos menos para él, y tuvo los santos cojones de fumarse un cigarro y echar la ceniza y la colilla encima de la propia señalización.

Qué rabia. Qué gentuza. Ojo, no estoy diciendo “los fumadores son gentuza”, ni mucho menos. Éste en concreto sí lo era. Pero si por casualidad no fumase, sería gentuza igualmente: si tuviera un perro dejaría las cacas en las aceras; si tuviera un coche se saltaría los semáforos en rojo o iría a 100 km/h por la ciudad, o dando luces a 180 por carretera pegado al culo del de delante, o ciego de alcohol y drogas; es el que pone la música a todo trapo a las 5 de la mañana, el que entra a mear en tu portal, el que deja el condón usado en la playa, el que deja el bosque lleno de basura cuando va de merendola, el que…

Gentuza que no es capaz de respetar las mínimas normas de comportamiento y de convivencia social. Y no estamos hablando de convencionalismos sociales o de ser “políticamente correctos”. Se trata de respetar, aunque sea mínimamente, a los demás.

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