Cesto 6

Eso dice el refranero. Así que (si me dan mimbres y tiempo, que dice la segunda parte del refrán) yo ya puedo hacer todos los que quiera. Y es que una de las actividades que me ha servido de entretenimiento estos días ha sido precisamente hacer un cesto de mimbre. Mi madre, que siempre ha tenido muy buena mano para estas cosas (y lo mismo restaura muebles que pinta cuadros, cose que encuaderna libros, pinta figuritas o hace composiciones de flores secas… etc.) estaba probando a hacer cestos de mimbre, y ahí que nos pusimos la familia al completo a hacer nuestro cestito.

Para mí, que siempre he sido bastante peor para hacer cosas con las manos que con la cabeza, me producen mucha satisfacción estos pequeños logros, lo mismo que colgar una estantería, o arreglar un enchufe. El mundo moderno (y más para los “trabajadores del conocimiento”) nos ha alejado de las actividades manuales probablemente más de lo recomendable. Así que no está de más, de vez en cuando, intentar hacer alguna cosa así, que nos conecte de nuevo con nuestra capacidad transformadora. Es más sencillo de lo que parece, basta con que alguien te dé unas indicaciones, y distrae enormemente la cabeza.

Yo, de momento, tengo un cesto :). Por cierto, se pueden ver más fotos del cesto de mimbre en mi página de flickr. Están tomadas a última hora del día, con el sol casi poniéndose, y con el cesto en una mesa de cristal (a la que podía haber quitado el polvo, también es verdad) que genera unos interesantes reflejos.

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