Ayer estábamos en la plaza con el crío. Han montado una “biblioteca de verano”, en la que dejan cuentos y pinturas a los chavales para que pasen un rato. El caso es que estábamos allí, pintando… y se acerca un chaval, como de 10 años, con unos “tazos“.

“Hola, ¿queréis tazos?” “Pues no, la verdad es que no, gracias, que el niño es muy pequeño”
“¿Y no tiene un hermano mayor, o un primo?” “No, no, que va”
“Mira que si os los quedáis todos os hago descuento” “…”

Alucinante. Con qué desparpajo se presentó el chaval, con qué habilidad expuso su muestrario, con qué agilidad buscaba contraargumentos, cómo metió el tema de los descuentos…

Qué envidia. Yo nunca tuve esas habilidades; con el tiempo aprendes a desarrollar, mínimamente, alguna de ellas. Pero nunca se podrán comparar con las de quien, desde tan crío, es un vendedor nato.

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