Tortuga

Hace unas semanas, me interesé por un proyecto colaborativo que me apeteció. Me puse en contacto con quien lo lideraba, ofrecí mi colaboración… estupendo. Pasados unos días, hice mi primera contribución al mismo, y unos días después hice una segunda con la que completaba todo lo que podía hacer hasta el momento.

Había otras personas vinculadas al mismo proyecto. Un par de ellas habían hecho también el 100% de su contribución, otro par de ellas un 50%… y el resto un 0%. El caso es que hasta que no hubiese una masa crítica de personas contribuyendo, el proyecto no podía seguir adelante.

Había dos opciones: avanzar al ritmo marcado por quienes sí estaban contribuyendo (y dejar atrás a los que no, incluso sacándoles del proyecto), o seguir esperando y “animando” a los que no contribuían en espera de que lo hiciesen para avanzar. Hasta ahora se ha optado por la segunda, y creo que es un error.

Si una persona no ha contribuído pasado un tiempo razonable, es que no tiene ningún interés en hacerlo, y no lo va a hacer. En el mejor de los casos, después de mucho insistir, hará algo para cubrir el expediente… y así hasta la próxima vez. Pero siempre será una rémora, alguien a quien hay que insistirle para que aporte, un “peso muerto” que va a dificultar el avance del proyecto en vez de impulsarlo.

Mientras tanto, los que sí han contribuído a buen ritmo ven como, a pesar de dicha contribución, las cosas no van a ningún sitio por culpa de la tolerancia con los que se retrasan. Y llega un punto en el que se plantean qué sentido tiene dar pedales y esforzarse por impulsar un barco que en cualquier caso se va a mover al ritmo de los más lentos. Conclusión, ley del mínimo esfuerzo, “que tiren otros” y, si acaso la cosa remonta, ya veremos. Pero claro, si los que tiran dejan de tirar… pues proyecto moribundo o directamente muerto.

¿Cómo habrían sido las cosas de seguir el ritmo de los entusiastas, aun a riesgo (o a certeza) de dejar atrás a otros? Pues probablemente el proyecto tendría un nucleo menor, pero muy activo, que permitiría que fuese evolucionando poco a poco hasta acabar desarrollándose correctamente.

El café para todos, el “que nadie se quede atrás”, es algo que desincentiva el esfuerzo y los avances. Porque mide a todos con el mismo rasero de la mediocridad.

Posts relacionados