Traigo aquí este post que se ha pasado un buen tiempo en el congelador, para evitar que se asociase con situaciones concretas.

Hay días en los que vuelven a mi mente las palabras de uno de mis primeros jefes, a quien le tengo un enorme aprecio. Fue después de una pifia gorda, probablemente la primera de esas veces en que tienes esa sensación de bloqueo, de que el suelo se abre bajo tus pies, de que después de eso nunca jamás volverás a levantar cabeza, que te quedas blanco y la sangre golpea en tu cerebro. Vamos, lo que viene siendo una cagada.

“A ver, Raúl, respira y tranquilizate”

“¿Pero cómo me voy a tranquilizar? ¿No ves la que se ha liado por mi culpa?”

“Respira, y piensa. Piensa en qué es lo peor que te podría pasar. ¿Que yo me entere? ¿Que el cliente se entere? ¿Que el cliente se enfade, y cancele el proyecto? ¿Que el socio te llame a su despacho para echarte una bronca descomunal? ¿Que sea algo tan gordo como para que te despidan? De verdad, Raúl… ¿y eso te parece malo?”

Me recuerda un poco al Let it be de los Beatles… “when I find myself in times of trouble, mother Mary comes to me, speaking words of wisdom… let it be….”. Solo que “mother Mary” es en realidad aquel jefe y “let it be” es “¿y eso te parece tan malo?” :)