Este es un “sucedido” que me contaban hace unos años, referido a una redacción de periódico (y que me perdonen los periodistas si cometo alguna incorrección respecto a los puestos). El hecho es que, dentro del proceso de publicación, estaban definidos tres puntos de control para que el contenido que salía de la imprenta fuese el correcto. Aparte del propio redactor, había alguien en la redacción que tenía que repasar todo el contenido antes de mandarlo a imprenta, y luego alguien tenía que hacer una última revisión para ver que lo imprimido estaba bien.

Total, que habiendo tres puntos de control… no eran pocas las veces que el periódico se imprimía con errores, algunos de ellos garrafales. ¿Y por qué? Porque el primero pensaba “bah, si después me lo van a revisar dos, para qué me voy a molestar yo”. El segundo pensaba “bueno, esto se supone que viene revisado, y después hay otro que lo controla, así que… para qué me voy a molestar yo”. Y el tercero pensaba “ya hay dos personas que han revisado esto, ¿para qué me voy a molestar yo?

Y así, los unos por los otros, la casa sin barrer… y es que en ocasiones la redundancia de sistemas de control (y más cuando son “humanos”) paradojicamente redunda en un peor control.

Tags: , , ,

Posts relacionados