Malabarista

Impulsas una bola hacia el cielo. Mientras, de reojillo, ves como otra está bajando y tienes que recogerla para volverla a lanzar, mientras otra vuelve a caer. Juegos malabares. Así es la función del gestor de proyectos.

En muchas ocasiones, las tareas del gestor de proyectos no son largas o complejas, ni siquiera abundantes. Las tareas, en gran medida, las tienen que hacer otros. La labor del gestor de proyectos es coordinar todas ellas, asegurarse que todas se cumplen en tiempo y forma, darles coherencia y conseguir que formen un todo. Al igual que el malabarista, que la mayor parte del tiempo no tiene ninguna bola en sus manos, pero es el responsable de que las bolas fluyan al ritmo adecuado.

Un gestor de proyectos vela por las tareas, y también por los intereses de todo el mundo: los intereses del cliente, los intereses económicos, los intereses del equipo técnico, los intereses del equipo de diseño, los intereses de los proveedores… intereses muchas veces contrapuestos (uno lo quiere rápido, otro lo quiere flexible, otro lo quiere ordenado, otro lo quiere barato, otro lo quiere…). El trabajo del gestor de proyecto es conocer esos intereses y buscar la intersección entre todos ellos, aquel espacio de equilibrio en el que todos vean satisfechos sus intereses en la mayor proporción posible, gestionando a su vez su descontento por la parte que no ven satisfecha.

Más malabares. Más difícil todavía. Pero el espectáculo debe continuar.

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