Supongo que era fácil de intuir cuando, hace algo más de un mes, me puse de “vacaciones blogueras“. En realidad, creo que fue algo como lo que se dice en las parejas cuando las cosas no van bien pero no quieres romper drásticamente: “vamos a tomarnos un tiempo de reflexión”. Pero rara vez tras esos tiempos de reflexión las aguas vuelven a su cauce, sino que es un primer paso hacia la ruptura definitiva.

Y así ha sido en este caso. Tras casi tres años y casi seiscientos posts, hoy he dado carpetazo a mi labor como editor (y también coordinador) de El Blog Salmón. Son sensaciones extrañas, se hace difícil decirle adios a un proyecto que has visto nacer, que has ayudado a expandirse y que te ha dado un buen puñado de satisfacciones. Pero hay que rendirse a la evidencia y ser honesto primero con uno mismo y luego con los demás, y de un tiempo a esta parte las cosas no estaban siendo igual.

Los motivos ya los expliqué: sensación de agotamiento, de no estar aportando nada interesante, de escribir más por obligación que por devoción. La decisión sobre El Blog Salmón quedó pendiente de ver si esa “devoción” volvía. A lo largo de estas semanas he ido escribiendo en mi blog lo que me ha apetecido y cuando me ha apetecido… y muy pocas de esas cosas tienen que ver con la temática de El Blog Salmón, desde luego no lo suficiente como para justificar el seguir siendo parte del equipo de editores y pensar que en los próximos meses puedo remontar el vuelo. Así que, a pesar de una cierta sensación de nostalgia y “penita” (hay que ser idiota, encariñarse con un blog), hemos “cortado”.

Pongo fin así también a mi época de “blogger a sueldo”, que empezó precisamente con El Blog Salmón. No es mala actividad, pero siempre y cuando la diversión y la pasión superen a la obligación. Porque si no…

Posts relacionados