Me gusta mucho esta frase del Evangelio. La asocio con la creación de una reputación a través de los hechos, y no de las palabras. Una reputación buena… o mala. Y es que aquello de la mona vestida de seda, mona se queda también viene al caso.

El otro día charlaba con una persona que me preguntó, así a bocajarro, qué pensaba de Fulanito. La primera reacción, como persona prudente que soy, fué de responder diplomáticamente (uno nunca sabe de qué pié cojea tu interlocutor y mejor no ser demasiado contundente en ningún sentido): “hombre, pues regulín”. “¿Pirata sería la palabra adecuada?”, me contestó (él parece menos diplomático :) ). Y lo cierto es que yo no lo hubiera definido mejor.

A Fulanito estas cosas deberían hacerle reflexionar. Si dos personas distintas llegan a esa misma conclusión por vías separadas, igual es que no estás haciendo las cosas bien. Lo de que “si una persona te dice que te pareces a un camello no le hagas caso, pero si te lo dicen dos personas mírate en un espejo”. Y ganarse una reputación generalizada de “pirata” (o de cualquier otra cosa negativa) en un mundo que cada vez es más pequeño… donde la información está a tiro de click… sin duda es un problema.

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