Este fin de semana estuvieron por aquí mis amigos del 4C en el Colegio Mayor. 13 tíos con los que compartí unos años estupendos. Y aparte de salir, comer, contar batallitas y hacer actualizaciones varias, uno de los temas recurrentes del fin de semana fue mi “pertenencia” a este mundo de bloggers, twitters, flickeros y demás en el que estoy metido. Un auténtico “test de realidad”. Porque uno espera que personas de las que le separan determinadas circunstancias (la edad, o el perfil educativo o profesional, etc.) estén más alejados de este mundillo. Pero estamos hablando de gente de la misma edad que yo, que han estudiado en el mismo sitio que yo, que se desenvuelven en un mundo profesional similar al mío… y que sin embargo ven todo esto con enorme distancia, desconocimiento, escepticismo o desinterés.

Que si “para qué voy yo a leer tu blog”, que si “no es un poco raro contar lo que haces”, que si “no tengo tiempo para nada, como para pararme a leer lo que escribes”, que si “hazme una foto que yo quiero salir en internet”, que si “¿y ahora estas ‘tuiteando’?”… El caso es que medio en coña medio en serio me pasé el fin de semana “defendiendo” mi visión de las cosas. Pero más que pensando en “convertir” a alguno de ellos (tarea difícil, la verdad), reflexionando en qué habrá sido lo que a mí me ha traído por este camino mientras que a otras personas en una situación similar no.

Quizás sea un encaje con determinados rasgos de la personalidad, o quizás el hecho de haber conocido a determinadas personas en un momento dado. O que soy “raro”. Qué se yo. El hecho es que aquéllo de tener más “blogs de amigos” va a tener que esperar…