Hace unas semanas encontraba y pegaba una viñeta con la que me sentí muy identificado: por la mañana ordenador, por la tarde ordenador, por la noche ordenador… En estos días de desconexión, una de las cosas sobre las que he estado dando vueltas ha sido sobre este hecho.

Tengo la sensación de que, en algún momento, he equivocado el camino. El ordenador (e internet) es una herramienta fantástica. Pero es eso, una herramienta. Y como buena herramienta, debe servir a algún fin, no tiene sentido por sí mismo. Así, el proceso lógico debería ser “tengo que hacer tal cosa ergo utilizo el ordenador”.

Sin embargo, haciendo un análisis crítico de mi forma de actuar, creo que he invertido el proceso. “Me siento en el ordenador y ahora a ver qué hago”. De esta forma, me he creado una especie de “autoobligación” de estar sentado en el ordenador x horas. Sí, es verdad, muchas de las cosas que tengo que hacer lo requieren, y seguro que necesito pasar algunas de esas horas aquí. Pero hay muchas otras cosas lejos de él que se quedan sin hacer por esta perversión de la relación causa-consecuencia. Y, por otro lado, al estar tantas horas con él hay momentos en que pienso “bueno, ¿y para qué estoy leyendo este blog? ¿para qué estoy navegando en esta página? ¿necesito chequear el correo cada 10 minutos? ¿no estoy perdiendo el tiempo, sin más?”.

Así que uno de mis propósitos de “curso nuevo” va a ser intentar racionalizar el uso del ordenador. Y para ello, lo primero es clarificar los fines. ¿Qué cosas quiero conseguir? Y a partir de ahí, ya veremos cuánto ordenador necesito usar. Probablemente, menos que antes.

Tags: ,

Posts relacionados