Echo de menos tener más amigos con blog. A ver si me explico; desde que empecé en esto de los blogs he conocido bastante gente. Con gran parte de ella mantengo una relación cordial, incluso con algunos tengo una mayor afinidad y podrían empezar a entrar en la categoría de “amigos”. Esos lógicamente tienen sus blogs.

Pero a los que echo de menos en la blogosfera son a mis amigos de siempre. Sólo uno de mis amigos tiene blog (bueno, dos a falta de uno). Del resto, nadie - al menos que yo sepa, claro, igual hay más “anónimos” por ahí.

¿Y por qué echo de menos esto? Pues porque al final el blog no dejaría de ser una ventanita abierta a sus vidas, con la posibilidad de asomarse para saber cómo les va en el día a día, qué piensan, qué hacen. Sí, ya sé que hay otros métodos. Pero al final, entre unos y otros hay bastante gente, y no siempre tienes tiempo o ganas para contactar de tú a tú. Vernos en persona es cada vez más difícil y poco frecuente, cada uno viviendo en un sitio y con sus responsabilidades laborales y familiares. El teléfono o cualquier otro método síncrono exige que las dos partes tengan tiempo y ganas a la vez. Al final, acabas hablando cada x meses y haciendo repaso en un cuarto de hora de cómo han ido las cosas: “dejé el trabajo”, “me cambié de casa”, “¿el niño y la mujer bien?”, y hasta la próxima. Y con el email pasa un poco lo mismo: al final tienes que acabar contando lo mismo x veces…

El blog es, desde mi punto de vista, un método ideal de “broadcasting” para estar en contacto. Tú vas contando tu vida y todo el mundo puede leerla: no tienes que contar lo mismo cada vez. Además, pueden leerla cuando ellos quieran, no cuando tú lo cuentas, y pueden interactuar vía comentarios. Así, el formato blog enriquece (que no sustituye) a todas las demás formas de contacto.

Me gustaría que mis amigos de Salamanca, o los del Colegio Mayor, o los de B&G en Bilbao, o los del Windsor en Madrid… abriesen esas ventanitas. Me gustaría asomarme de cuando en cuando a ver qué hacen, cómo les va, qué cosas cotidianas les han pasado. Y la siguiente vez que hablásemos por teléfono, o quedásemos para tomar algo, no tendríamos que empezar por “ponernos al día”: podríamos simplemente seguir la historia desde donde se quedó en el blog.

Y en ese sentido, me siento un poco “asíncrono” y desconectado.

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