Vengo de dar un paseito tras la comida que hemos compartido toda la familia, acompañado de mi peque. Hace un día extraordinariamente primaveral. Nos hemos ido por el paseo al borde del río…

Paseo en el Duero en Aranda

Y luego hemos vuelto por el centro del pueblo, donde he parado en la plaza a tomar un café con hielo sentado en la terracita al sol, echando un vistazo al periódico y rodeado de silencio.

Plaza de Aranda

Y la verdad, después de esto vuelve uno al trabajo con un mejor espíritu.

Me ha dado por comparar cómo hubiera sido este día si hace un año no me hubiese dado por cambiar el rumbo. Hubiese ido a comer un menú del día, quizás con algún compañero de trabajo, o quizás solo, en un bar atestado y maloliente. Hubiese dado un paseo alrededor de la oficina, rodeado de coches, pasando calor con la corbata al cuello. De mi hijo y de mi mujer, ya me hubiera podido olvidar hasta llegar a casa a las 9 o 9 y media (con suerte, el niño todavía estaría despierto… o quizás no).

¿Cuánto vale la diferencia?