BisbalHoy no ha sido un día especialmente brillante, sino más bien de esos en los que vuelves a casa un poco de bajón, agobiado y abrumado. Como en este caso “volver a casa” supone un recorrido de 160 kilómetros (hora y media en condiciones normales, dos horas y pico si sales a las siete y media de la tarde de Madrid), he aprovechado para hacer un poco de terapia.

La primera parte de la terapia consiste en gritar como un descosido. Soltar un grito todo lo fuerte que puedas. Nadie te va a oir. Si quieres, puedes blasfemar, lanzar insultos personalizados o sin personalizar, dirigidos contra ti o contra otro, te puedes !@##!@” en la @|@|#@ madre del causante de tus desdichas si lo hay. O si no, simplemente gritar, gritar y gritar. ¡Libera un huevo!

Y la segunda consiste en cantar. Cantar como un descosido. Ponerse música a todo trapo (a niveles probablemente perjudiciales para los tímpanos, de esos que hacen temblar las puertas del coche y que nunca podrías poner si vas acompañado) y cantar a grito pelao. Bisbal, Chayane, Nández, Pignoise… cualquier cosa.

Llega uno a casa como nuevo.

PD.- Iba a decir que ni una palabra sobre mis gustos musicales… pero podéis decir lo que queráis. Eso sí, tened en cuenta que no me vais a decir nada que no me hayan dicho ya en multitud de ocasiones ni nada que yo sepa. Pero es lo que hay. Bisbal rules!

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