Respondía en el blog de Carmen Sánchez-Carazo (concejala en el Ayuntamiento de Madrid y bloguera de verdad) a su visión del affaire de Miguel Sebastián en el Blogs&Beers. Y, sin querer, me ha salido un alegato extrapolable a todos los políticos, de cualquier color y tendencia. Me ha dado pena descubrir hasta qué punto ha llegado mi hastío y distanciamiento de la clase política. Y sé que, igual que yo, hay muchos. Por eso me da mucha más pena, porque la política de este país está perdiendo a un montón de gente razonable, inteligente y centrada (sí, me considero razonable, inteligente y centrado), con ideas más “de derechas” unos o más “de izquierdas” otros, pero que son incapaces de comulgar con las ruedas de molino que los partidos y los políticos profesionales nos obsequian un día sí y otro también, y que sólo los “hooligans” aplauden. De verdad, políticos de España, ¿estáis satisfechos con lo que estáis haciendo?

Lo triste y duro es que tengo la sospecha de que todos los políticos de todas las tendencias tenéis ese “chip” incorporado. Vuestra capacidad de autocrítica es cercana a cero: hay que defender vuestra postura contra viento y marea, por incoherente e irrisoria que parezca a cualquier observador medianamente imparcial. Ese es el tipo de cosas que nos aleja de vosotros: el ver cómo intentáis aprovechar descaradamente cualquier oportunidad para promocionaros, el ver cómo vuestro interés está por encima de cualquier otra cosa, el ver cómo en vuestras palabras siempre hay que descontar un elevado porcentaje de partidismo (hablando de lo que sea). Es agotador escuchar vuestros discursos y “descodificarlos” hasta llegar a entender cuánto hay de posible verdad en lo que decís.

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Pero en serio que el discurso político de “qué buenos somos nosotros y qué malos son los otros, qué bonito y que bien sale todo lo que hacemos, y qué feo y que malo es lo que hacen los otros” es cansino, desmoralizante, triste… a mí no me ganáis con esas cosas, yo necesito un poco de discurso inteligente, centrado, que asuma los errores propios cuando los hay y los aciertos ajenos cuando los hay.

Y luego os preguntaréis por qué la abstención no hace más que crecer…

Creo que la abstención debería ser un factor tenido en cuenta a la hora de calcular los resultados electorales. Nadie podría ser ganador de unas elecciones en las que la mitad del electorado se abstiene. Así, igual, tenían un incentivo para preocuparse. Pero tal y como están las cosas, les vale con que unos cuantos hooligans voten. Y está claro que “calentar” a unos hooligans es más fácil que convencer al electorado moderado.