Estoy en plena “hora tonta”. Es ese periodo de tiempo, alrededor de la medianoche, donde lo mismo puedo cerrar todo e irme a dormir tranquilamente (lo cual me asegura casi mis 8 horitas de sueño) o puedo engancharme con algo (trabajo, blogs, libro, tv…) y darme la una, las dos o las tres, con el agravante añadido de que cualquier actividad en este rato suele activarme la cabeza y hacer que, una vez acostado, ésta tarde un rato más en apagarse. Total, que eso me deja en 4 horitas de sueño.

Recopilemos. Una vez aviado el pequeñajo (baño+cena), solemos cenar nosotros y, tras la cena, sentarnos a ver algo en la tele (que no “de la tele”, notesé la diferencia). A esas horas, no es difícil que se me cierren los ojos y que incluso me pierda algún fragmento de la serie o peli que estemos viendo. A eso de las once, mi mujer se suele acostar (es de bioritmos fijos, parece que va con energía solar y cuando han pasado dos horas desde el ocaso, se le acaban las reservas…) y yo me encuentro con la casa para mí solo, tranquilo. A mi bola.

Por eso esta hora tiene tanto peligro. Me encuentro agustito en mi soledad, y empiezo a marear por aquí, a leer un rato, a acabar eso que no me ha dado tiempo antes de la cena… y se me van las horas. Por cierto, que no soy el único al que le pasan estas cosas, conozco a más de uno y a más de dos que les pasa lo mismo.

Pero bueno, hoy me temo que ni “hora tonta” ni gaitas en vinagre. A la camita, que para ser el lunes del regreso, en plena astenia primaveral, ya está bien. Hay que coger fuerzas!.

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