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¿Derecha o izquierda? ¿Para dónde voy?

Ayer estuvieron aquí mis padres, y entre otras cosas me preguntaban por el trabajo. Para ellos, que han hecho toda su vida profesional en la misma empresa, eso de “dejar una empresa seria” y un buen sueldo para meterse en esto de los blogs con una empresa chiquitita chirría. Como me tienen por un tío serio, pues confían en que estoy haciendo lo correcto y como además me ven bien pues también les vale, pero seguro que les sigue chirriando. Como a mucha otra gente, claro. Incluso a veces a mí mismo.

Y es que mi trayectoria profesional hasta hace unos meses era muy “automática”, por decirlo de alguna manera: acabas la carrera, entras a trabajar en gran multinacional, vas de la mano de un ex-jefe a otra gran empresa… dentro de las cuales la evolución es también muy automática: entras de junior (o de A3, que nos decían en nomenclatura de auditor), pasan un par de años, eres senior, pasan otros 3 o 4 años, te toca ser gerente… en definitiva, todo muy mascadito, como quien avanza por una autovía en la que la probabilidad de perderse es cero.

Sin embargo, una vez abandonado el paraguas protector de la gran empresa, se mete uno en una red inmensa de carreteras nacionales, provinciales y comarcales en la que hay numerosos cruces; el camino ya no está marcado, sino que tiene uno que elegir con mucha más frecuencia por dónde tirar. ¿Derecha o izquierda? ¿Qué hago ahora?

Sin duda, es mucho más divertido. También más estresante, y genera más problemas para dormir, que saber lo que te va a tocar al día siguiente. Y también pone mucha más responsabilidad sobre los hombros: tu devenir profesional ya no es “culpa de la empresa”, sino que es responsabilidad propia.

En fin… derecha o izquierda, ¿qué camino cojemos?

PD.- Aunque ya puestos… si ya sabemos que “todos los caminos conducen a Roma”… pues tampoco hay que preocuparse, ¿no?

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