Me ha tocado verlo unas cuantas veces. Procuro siempre, antes de entrar en una reunión, silenciar el móvil. Si por casualidad se me olvida hacerlo y me acuerdo a mitad de reunión, lo hago inmediatamente y tengo una enorme sensación de alivio: “menos mal que no ha sonado”. Si me llegase a sonar, cosa que no ha pasado nunca afortunadamente, me moriría de la vergüenza: me parece una falta de respeto.

Así que luego están los otros, los que no solamente no lo apagan, sino que cuando les suena lo cogen y atienden la llamada interrumpiendo la reunión en la que están físicamente. Ahí, siento ganas de ser Darth Vader…

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