Hace unas semanas (de hecho, ahora que me fijo, más cerca que lejos del día de San Valentín) os contaba entristecido cómo Google, el gran señor del universo digital, me había retirado su confianza y me había alejado de su círculo, condenándome al ostracismo. Y todo fruto de un error, de una equivocación, que le hizo pensar a Google que le era infiel o algo… ¡Oh, mísero de mí! ¡Oh, infelice!

Tras un tiempo penando mi condena, y pese a hacer todo lo que estaba en mi mano para recuperar el favor del todopoderoso, hoy he visto que Google ha decidido graciosamente volverme a colmar con sus bendiciones, y me ha restituido los backlinks que en su momento, por mi atrevimiento de cambiar de servidor, me fueron retirados.

Qué puedo decir, o amantísimo Google. Soy el más miserable de tus esbirros, y me arrastraré besando tus pies el resto de mi existencia para agradecer tal muestra de magnanimidad.