Retomando la historia del otro día, os contaba que la idea de Burgos no nos había seducido, y que nos había dejado el cuerpo un poco “regular”: la capital de provincia que parecía ideal en el papel no nos lo pareció en la realidad (amigos burgaleses, no os lo toméis a mal… no dudo que sea una ciudad estupenda para vivir, sobre todo si ya se tiene una vivienda…). Así que Aranda de Duero volvió a coger fuerza como opción, sobre todo a raiz de las buenas sensaciones que nos dió el primer día.

Así que decidimos empezar a buscar algo en Aranda, a ver qué ofrecía el mercado. Las llamadas iniciales a las inmobiliarias no fueron muy halagüeñas: “no, no tenemos nada en alquiler”, “uf, de cuatro dormitorios complicado”… y claro, desde la distancia es difícil hacer otra cosa que llamar a inmobiliarias. No conoces cómo se mueve el mercado del alquiler, si es más de particulares, si por anuncios en los balcones, si hay algún periódico gratuito, si…

Pero bueno, conseguimos un par de visitas y allá que nos fuimos después de dejar al peque en la guarde. La primera en la frente: en la inmobiliaria donde habíamos “quedado” no está el tipo que nos había atendido, y los otros haciéndose los remolones… al final conseguimos quedar para que nos enseñara un par de pisos a última hora de la mañana. ¿Y ahora qué hacemos? Preguntar en más inmobiliarias, con un resultado similar al del teléfono (me sorprende que tengas que insistir para que te tomen los datos “por si surge algo”… deben quitárselos de las manos, vamos).

Aprovechamos para pasear un poco por el pueblo, ir a la oficina de turismo a por unos planos de la ciudad y algo de información… total, que por fin llega la hora de ver pisos. El primero, un chalet pareado no muy lejos de la ciudad. Ya se sabe: garaje, merendero, ático abuhardillado… pero con el “concepto” de pareado, a saber, cuatro alturas, escaleras estrechas… además, no estaba muy bien cuidado. Luego un piso de cuatro habitaciones, en un edificio chulo… pero estaba amueblado (además, como amuebla la gente los pisos de alquiler: con los muebles y los cuadros que le sobran de cualquier otro piso). Así que nada. Y eso era todo… decepción total.

Pero resulta que el tipo de la inmobiliaria nos dice “eh, ¿y un ático os interesaría? Está nuevo, a estrenar. Es que me entró hace dos días y ni me había acordado de él”. Pues sí, vamos a verlo. Y efectivamente, un ático a estrenar. Cuatro dormitorios. Dos terrazas. Muy céntrico. Espectacular.

No tuvimos que “pensarlo” mucho. Vamos, que nos fuimos directos a la inmobiliaria para apalabrarlo. Así que, a partir del próximo 1 de marzo, seremos los orgullosos inquilinos de un ático enorme en Aranda de Duero.

Ahora toca poner en marcha la logística: vender el piso de Madrid, planificar la mudanza, dar de alta los servicios en Aranda (mi ADSL, por favor!!!)… en fin, un montón de cosas. Pero ya ha llegado el momento, el plan se ha concretado.

Ahí te dejo, Madrid.

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