Me preguntan en un comentario cuál ha sido mi razonamiento para ejecutar el movimiento inmobiliario asociado a mi huida de Madrid. En realidad no son uno, si no dos razonamientos.

¿Por qué alquilar y no comprar?

Hay un motivo fundamental, y es que no es una decisión “definitiva”. Vamos a Aranda con ilusión, pero conscientes del riesgo de que no funcione bien. Quizás no nos adaptemos a vivir allí. Quizás por motivos laborales no sea posible hacerlo. Quizás dentro de un año tengamos que “recular”. Y ante esas inseguridades (lógicas, creo), pensar en comprar (con los gastos derivados) para deshacer la operación en unos meses se me hace una tontería. Con el dinero que se llevarían “buitres varios” por el hecho de comprar la vivienda (10%, digamos que sobre 300.000 euros… son 30.000 euros) tengo para vivir de alquiler casi tres años. En el caso de deshacer la operación, sería el doble (la compra y la venta). Es decir, 60.000 euros tirados a la basura por una decisión precipitada. Así que mejor no precipitarse.

Y luego hay un segundo motivo, y es que no conocemos Aranda. No conocemos las distintas zonas, las infraestructuras… y además, pretender adquirir ese conocimiento a distancia es más que complicado. Así que durante el tiempo que estemos de alquiler, y ya sobre el terreno, podremos ver qué hay, qué no hay, ver tantos pisos o casas como queramos… hasta que encontremos nuestro hogar ideal, si es que decidimos quedarnos allí para una temporada larga.

Si a esto le sumamos que el concepto “vivienda como inversión que se revaloriza un 20% al año” no es ya una realidad, y (aunque no estoy seguro) probablemente menos en Aranda (donde supongo que habrá menos movimiento y, por lo tanto, más dificultades de darle salida a una vivienda), pues tenemos la decisión tomada.

¿Por qué vender en Madrid?

Una opción que nos planteamos era: mantengamos el piso en Madrid, alquilemoslo (con la renta nos daría para pagar la de Aranda y un poco más) y así mantenemos la inversión. Pero hemos desechado la idea por varios motivos.

El primero, es que es un piso que en el futuro no nos valdrá. Se nos ha quedado pequeño, y más para nuestros planes de futuro (más familia, tener un rincón de trabajo, etc.). Así que ni siquiera sería una opción para “por si acaso queremos volver”. Tarde o temprano, tendríamos que deshacernos de él.

El segundo, es que alquilar un piso tiene su cosa. Buscar inquilinos, resolverles los problemas… y todo eso, estando fuera de la ciudad, sería un incordio.

Y tercero, como dije antes, tengo la sensación de que mantener un piso ya no es tan buena inversión. Lo ha sido en este periodo (habrá que esperar a venderlo, pero estimamos un 50% de revalorazación en 4 años…), pero no creo que lo sea de aquí en adelante. Y, como dicen los que saben de esto, las inversiones (si son tal) hay que valorarlas en función de las expectativas futuras de ganancias, no de otra cosa.

Así que mejor vender ahora, “hacer caja” y luego dios dirá. Quizás nos estemos equivocando, y el piso tenga más potencial de revalorización (está en una zona que va a mejorar mucho en Madrid). Pero poniendo pros y contras, mejor vendemos.

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