Aquellos que me conoceis físicamente sabéis que tengo un “pequeño problema” con el sobrepeso. Bueno, llamarlo sobrepeso es un eufemismo como otro cualquiera: lo mío ronda la obesidad mórbida.

No es algo de lo que nunca me haya gustado hablar. Mi peso siempre ha sido algo entre mi báscula y yo (y, ocasionalmente, el médico). Tampoco puedo decir (a la vista está) que haya hecho nunca muchos esfuerzos por controlar la situación. Así, poco a poco, el peso se ha ido descontrolando hasta llegar a la situación actual (que, por otra parte, no es la “peor de todos los tiempos” - no hace mucho la cosa estaba peor).

Pero, de una vez y para siempre, he decidido luchar contra esta situación. Hay quien consigue dejar de fumar. Yo quiero revertir, en la medida de lo posible, mi situación. No quiero dietas milagro, ni quiero liposucciones. Quiero un cambio sostenido en el tiempo en hábitos de vida que permitan que el cuerpo vaya perdiendo, poco a poco, parte de su peso.

Como ayuda a este “buen propósito”, he decidido servirme de un blog. Y para no dar la turra en éste (por muy banal que ya sea), he abierto uno nuevo: Adios a los kilos. ¿Cómo es posible que, no gustándome hablar de ello, se me ocurra lanzar un blog al respecto? Por un lado, espero que tener una cita “diaria” con el blog me ayude a ceñirme a mis planes, a no darlos por olvidados, a hacerme reflexionar sobre lo que hago y lo que no hago, a investigar y a conocer mejor cómo funcionan las cosas. Podría haberme hecho un blog “privado”, en vez de anunciarlo para que otros lo viesen (lo cual, además, va en contra de mi declarada aversión a hablar de ello con nadie). Pero creo que ese concepto de “esto es cosa mía y de nadie más” se ha demostrado inútil durante todos estos años, y creo que el que haya “testigos externos” puede servirme como refuerzo a mis propósitos, aunque para ello tenga que vencer mi pudor.

En fin, en esas estamos. Si me notáis de un humor más perro de aquí en adelante, ya sabéis a qué se debe :)