Contestador automáticoEs curioso cómo hay gente que detesta dejar mensajes en el contestador automático o buzón de voz. Quiero decir, a mí no me cuesta nada hacerlo, y me sorprende cómo hay gente que se frustra tanto cuando le sale el contestador. Yo tengo el mío conectado desde hace siglos, y me resulta tremendamente útil para gestionar las llamadas entrantes cuando no puedo atenderlas en el momento: ¿quién me ha llamado? ¿para qué? Disponer de la lista de llamadas me permite organizar mi tiempo, definir prioridades a la hora de las respuestas o incluso preparar la conversación (no es lo mismo charlar con alguien con datos en la mano que en un aqui te pillo, aqui te mato).

Sin embargo, tengo amigos/familiares que lo llevan fatal. O no dejan mensajes, o dejan uno del estilo de “estoy hasta las narices de hablar con tu contestador”. Y luego, cuando estás en directo con ellos, te recriminan que lo tengas activado. Generalmente, como digo, son contactos “personales” quienes tienen estas reacciones; en el mundo profesional es más aceptado.

Cuando lo activé en el principio de los tiempos (casi al principio de tener mi primer móvil) grabé un mensaje personalizado. Cosas de la empatía: cuando yo llamo a un teléfono que no tiene mensaje personalizado, me entran las dudas de si será el teléfono correcto, si estaré dejando un mensaje a un desconocido… El mensaje era del tipo: “Hola, este es el [número de teléfono]. Soy Raúl y ahora no puedo atenderte. Deja tu mensaje y te llamaré después.”. Vamos, un saludo, un “estás llamando aquí” y “este soy yo” y poco más. Pues no veáis el cachondeito que se traían algunos a cuenta del mensaje; que si parecía de una línea de contactos, que si patatín, que si patatán…

Pero bueno, allá ellos. Nunca desactivé el buzón de voz. Y nunca cambié el mensaje.