… y además es imposible.

Hoy estoy cansado. Supongo que después de lanzar el blog de Salamanca me ha dado un poco de “bajón”, la adrenalina ha dejado de manar a borbotones y siento que me abandona la energía.

“¿Y qué coño haces escribiendo en el blog, tontolaba?” Pues sí, ahora que lo dices…

La verdad es que tendemos a vernos a nosotros mismos como una especie de “supermanes”. O al menos ese es el listón que nos marcamos. De hecho, es la dinámica (fundamentalmente laboral) la que nos lo exige: no puede uno desconcentrarse, no puede uno estar cansado, no puede uno decir “hasta aquí hemos llegado”. Siempre tiene que estar uno perfecto, atender todos sus asuntos con suficiencia y encima dar la imagen a los demás de que todavía le sobran energías para lo que haga falta. Y si no lo hacemos, aún encima nos sentimos mal por no “haber dado la talla”.

Pero no, lo que no puede ser, no puede ser. Somos humanos, tenemos ritmos vitales. Podemos aguantar periodos de actividad fuerte, pero no permanentemente. Tenemos bajones, días malos, ratos malos. Sería bueno que los demás lo asumiesen, y no pasa nada. Pero sería aún mejor si nosotros mismos lo asumiésemos, si dejásemos de tratarnos como máquinas y respetásemos los ciclos que el cuerpo y la mente nos demandan. Creo que casi siempre es mucho peor nuestra propia percepción de la exigencia que la exigencia en sí, así que en el fondo somos nosotros (y no los jefes, los proyectos, los clientes, la hipoteca o vaya usted a saber qué) los que nos fustigamos.

¿Que hoy estás cansado? Pues descansa. ¿Que hoy estás desconcentrado? Pues déjate ir. El problema sería si fuese así siempre. Pero de vez en cuando… no hacemos daño a nadie.