Fué una época malísima, lo reconozco. Pero imaginemos la situación: grupo de universitarios en Colegio Mayor, noche de fiesta… y después de “dormirla” toda la mañana, llega la hora de comer. ¿Dónde vamos? Pues al centro comercial: ¿pizza o hamburguesa?

Y ya que estás… pues si es pizza, o una mediana para cada uno, o una grande para dos. Y si es hamburguesa… pues menú gordopilo, que añadiendo sólo unas pesetillas más te daban una whopper extra, y por sólo 50 pelas más te hacían supergigante la bebida y las patatas.

¡Toma bomba calórica! Y es que al parecer tomarse un menú de hamburguesa grande, patatas grandes y refresco grande equivale a “zamparse de una tacada el surrealista festín de tres platos de menestra de verdura, dos de macarrones con tomate, medio kilo de pechuga de pollo asada, dos huevos fritos y tres donuts.”

Claro, luego pasa lo que pasa. Menos mal que hace ya tiempo que no visito uno de esos antros de perdición. Pero estaban tan buenas… En fin, que el menú gordopilo quedó para la posteridad. Aunque todavía debo llevar unos cuantos a la altura del cinturón…