Bueno, pues ya llevo unos días dando mis “primeros pasos” en mi nueva actividad. Y es que es esa, la de “primeros pasos”, la expresión que quizás mejor describe las sensaciones.

Cuando llevas unos siete años viviendo un estilo determinado de hacer las cosas, el cambio te pilla a contrapié por mucho que sea un cambio deseado y planificado. Algunas cosas que siempre habías dado por hechas no son tales, y viceversa. Nuevos códigos, nuevas formas de trabajar, nuevas formas de relacionarse…

Como un bebé, ahí estoy explorando poquito a poco. Primero un pié, luego otro… parece que está todo controlado pero ¡plof!, culazo al suelo. No pasa nada, otra vez arriba y a volver a poner un pié, luego el otro…

Supongo que no es una sensación muy distinta de la que viví cuando pasé de la Universidad al mundo laboral. Lo que pasa es que hacía ya mucho que no la experimentaba. No es cómodo, pero es emocionante. Me preguntaba ayer mi madre si estaba “contento”. Pues sí. A pesar de las lógicas dificultades e inseguridades, me siento “enchufado” al trabajo, cosa que hacía un cierto tiempo que había dejado de sentir.

Posts relacionados