La calidad es un valor muy en boga. Calidad total, EFQM, Six Sigma y no sé cuantas cosas más. La idea de fondo es que, cuanta mayor sea tu calidad, mejor será tu posicionamiento como empresa.

Pero yo tengo mis dudas. Obviamente, ceteris paribus (que gran expresión, por cierto), prefiero algo de más calidad a otra de menos calidad. Pero generalmente para conseguir una mayor calidad tienes que invertir más: mejores materiales, mejores equipos, más y mejores personas, etc. Y esa inversión adicional (y la calidad generada) sólo será rentable en caso de que tu mercado lo valore y esté dispuesto a pagar por ello un sobreprecio mayor que el que a tí te supone ponerlo en marcha.

Por lo tanto, presuponer que la calidad va a llevar a la rentabilidad se me hace precipitado. Ejemplos se me ocurren unos cuantos: todo el mundo dice que La 2 es el canal de televisión de más calidad… pero es el que menos ingresos genera. Pienso también en los vendedores de refrescos de la playa (esos que gritan sudorosos “hay fanta, cocacola, lemon, biaaaaaarrr”): ¿conseguirían una mayor rentabilidad con patatas Lays en vez de patatas del Día?. O en los cerrajeros que decía Andrés el otro día: ¿realmente la “calidad” es tan importante en un producto/servicio que sólo vas a utilizar una vez en tu vida y que difícilmente tendrás oportunidad de recomendar a nadie más? Vas a pagarle un buen puñado de euros al tío que venga, sea un gañán o un fanático de la “calidad total”.

En fin, no sé, tengo la sensación de que antes de lanzarse a la carrera de la calidad, hay que plantearse si eso se va a traducir en el bottom-line. Y, como casi todo en esta vida, creo que depende.

Posts relacionados