Dicen que es una de esas fechas en las que todo el mundo recuerda dónde estaba, como el asesinato de JFK, la llegada del hombre a la luna, el 23-F… el 11 de septiembre de 2001 yo estaba dando un curso sobre el euro para una entidad financiera. La inminente entrada en funcionamiento de la nueva moneda hizo que dicha entidad nos contratase para un curso que era mitad técnica y mitad habilidades (comunicación, atención al cliente, etc.). La sesión de aquel día se celebraba en el hotel Chamartín, pegado a la estación del mismo nombre. Por aquel entonces yo vivía en un estudio en la Plaza de Castilla, así que el descanso para la comida lo aproveché para irme a casa. Supongo (no recuerdo bien) que estaría viendo Friends o algo así, y en el zapping ví en el telediario las primeras imágenes del World Trade Center echando humo. “Se ha declarado un incendio”, creo que era lo que decían en aquel momento de confusión (tres y cuarto de la tarde).

Volví al curso y empezaron a llegar SMS’s a los móviles. La gente los comentaba nerviosa. “Ha sido un avión que se ha estrellado”, “¡Por lo visto han sido dos!”, “¡Han atacado el Pentágono!”. Tuve una sensación de cierto vértigo, algo así como “aquí se acaba el mundo, esto es la tercera guerra mundial”. De hecho, a lo largo de la tarde no me abandonó esa sensación, seguía pendiente de que llegara alguna noticia al aula con más y más ataques, lanzamientos de misiles, bombas nucleares, qué se yo…

Por la tarde, ya, lo que supongo que medio mundo: absorbido por el magnetismo de una televisión que poco podía decir o hacer, ví durante horas los aviones estrellándose contra las torres gemelas, el incendio, gente cayendo/saltando al vacío, el derrumbamiento de las dos torres, la imagen crepuscular de Nueva York envuelta en humo…

Qué día tan espeluznante. Supongo que con el paso de los días, de los meses, aprendimos a racionalizarlo todo para poder seguir adelante con nuestras vidas como si tal cosa. Pero, si te paras a pensar, eso que resulta tan fácil de decir (”unos tipos estrellaron dos aviones contra las Torres Gemelas que acabaron cayéndose, murieron unas 3.000 personas”) encierra una trascendencia brutal (humana, geopolítica, histórica…). Algo que, sin duda, cambió el rumbo de la Historia, aunque desde la escasa perspectiva que dan cinco años, apenas podamos percibirlo.

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