Creo que todo el mundo estará de acuerdo con que en los últimos tiempos vivimos un periodo de efervescencia de proyectos tecnológicos basados en web: redes sociales, google-maps mash-ups, diggs y sus clones, agregadores de feeds RSS, directorios, wikis, CMS para blogs, sistemas de marcadores al estilo del.icio.us, aplicaciones para To-do’s, agendas… en Genbeta se puede ver todos los días cómo aparecen multitud de nuevos servicios.

La reducción de precios de hosting y la facilidad de promoción a través de la web ha hecho que poner en marcha un proyecto de este tipo no requiera demasiado: un poco de tiempo, ciertas habilidades de programación/diseño y unos pocos euros.

Esto es una maravilla, ya que facilita que prácticamente cualquiera pueda transformar sus buenas ideas en un producto (beta, por supuesto :D). Esto, que es buenísimo puesto que facilita una especie de innovación distribuida y una competición por mejorar constantemente funcionalidades, es también su mayor problema.

Y es que todos estos productos/servicios son, por definición, gratuitos. Si no lo son, quedan automáticamente fuera del mercado, puesto que siempre hay una alternativa gratuita que la gente va a preferir, acostumbrados como estamos a no pagar por casi nada, y no llegarás a darte a conocer. Una vez alcanzado cierto éxito, tienes que seguir siendo gratuito. Pero con ese planteamiento, es difícil construir un modelo de negocio que permita sostener el experimento durante un tiempo, ya que los ingresos por publicidad son migajas que apenas dan en el mejor de los casos para cubrir costes. Y sin un modelo de negocio, no hay recursos para seguir mejorando el servicio o incluso para simplemente mejorarlo. Mientras tanto, surgirá otra alternativa gratuita que algún “friki” ha puesto en marcha con cuatro euros y que mejora tu producto. Y estás fuera del mercado.

Además, la avalancha de nuevos servicios dificulta que ninguno consiga posicionarse como referencia y lograr así una masa crítica de usuarios que le permita experimentar algunos modelos de negocio basados en la cautividad de los mismos o simplemente superar el punto de equilibrio en la consecución de beneficios con la publicidad.

Así pues, lo bueno y lo malo de los nuevos proyectos web es lo mismo: su amateurismo, que por un lado permite que salgan continuamente nuevos servicios y productos mejorados, pero que por otro lado les condena en su inmensa mayoría a la fugacidad y a los usuarios a no poder tener un mínimo de estabilidad en las herramientas que usamos.

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