Llega el verano, la ola de calor… y aquí seguimos, con la corbata al cuello. La verdad es que en todos los sitios en los que he trabajado he tenido códigos estrictos respecto a la vestimenta: riguroso traje. Sólo en contadísimas ocasiones se autorizaba un “business casual” que al final venía a consistir en otro uniforme compuesto de pantalones de algodón y camisa a rayas (y si era con el caballito en el pecho, mejor :D ). Pero vamos, ya digo que en muy raras ocasiones: reuniones especiales o cursos de formación. El resto del tiempo, corbata que te crió.

Me cuentan un amigo que el otro día se recibió un mensaje por parte de RRHH en el que se decía que se había observado a personas que no respetaban el código de vestimenta al no ir con americana y corbata por la oficina, y que ese no era el comportamiento esperado por parte de la empresa… ahí, ahí, preocupándose de las cosas importantes del negocio.

Lo cierto es que, allá por finales de los 90 y con el auge de las .com y su rollo “afuera las corbatas” discutí largo y tendido con un amigo que trabajaba en uno de esos sitios que tenían playstation, futbolines y buen rollito a tutiplén (y que luego acabaron vendiendo las mesas a los empleados). Él me decía que no, que las corbatas eran una opresión del sistema y no sé cuántas cosas más por el estilo. Yo le decía, por el contrario, que la imagen era importante y que si como empresa quieres transmitir determinados valores (rigor, seriedad, etc.) no está de más que la imagen acompañe.

Supongo que, como en casi todo, ni calvo ni con tres pelucas.

PD.- Por cierto, que este amigo ahora es un funcionario de pro que va con su trajecito y su corbata como un campeón… ¡y es que al final el sistema acaba oprimiéndonos a todos si queremos pasar por el aro!

PD2.- ¿Y cómo voy a hacer yo la transición de encorbatado a blogger? No me va a ser tan fácil, no… me voy a sentir desnudo sin corbata.