Hoy he estado en un cliente cuyas oficinas est�n en un parque tecnol�gico a las afueras de Madrid. Oficinas enormes (mucha extensi�n, poca altura), en un paraje estupendo (rodeado de verde, con la sierra al fondo), con espacios amplios en el interior (”despacho de socio” para cualquiera), de dise�o… muy chulo todo.

Yo siempre he trabajado “en el mismo centro”. Y eso tiene sus inconvenientes: al precio que est�n las oficinas, el espacio por persona se reduce. Adem�s, si son edificios m�s o menos antiguos, aunque est�n acondicionados tienen sus puntos de incomodidad (esa columna que no se puede quitar, esa distribuci�n extra�a…). Y de dise�o no hablemos… ��que no hay dinero para tanto!!.

Sin embargo, tiene tambi�n sus cosas buenas. Una, la facilidad para llegar; dentro de la ciudad, las conexiones de transporte p�blico suelen ser mucho m�s razonables que en las afueras. Tambi�n me gusta el hecho de estar cerca de las zonas de tiendas, zonas de bares y restaurantes… en el hipot�tico caso de que saliera a la hora en que est�n abiertas, podr�a disfrutarlas (bueno, de hecho alg�n mediod�a ya lo hago). Tambi�n hay algo que me gusta, y es la posibilidad de mezclarse con gente de otros sitios: otras oficinas, gente que pasea, jubilados, se�oras que van a la compra, chavales que van a la universidad…

Quiz�s una de las cosas que m�s me agobiar�a de unas oficinas como las del cliente es esa sensaci�n de aislamiento. Toda la gente que ves es gente de tu empresa. Toda la gente con la que te cruzas es de la misma compa��a. Todas las instalaciones que ves alrededor son de la empresa. Si quieres evadirte un poco… tienes que alejarte un buen trecho. Mientras tanto, en el centro, basta con salir a la calle y diluirse en el tumulto.

Hay una costumbre en este cliente que me resulta curiosa y un poco triste: despu�s de comer (en el comedor de la empresa, claro) la gente se dedica en grupos a dar un paseo. Todos alrededor del edificio de la empresa. Unos detr�s de otros, siguiendo el mismo carrusel. Todos los d�as, uno detr�s de otro. Todos en el sentido de las agujas del reloj. Una vueltita al edificio… y para adentro.

No es que yo haga maravillas a la hora de comer, pero al menos no tengo la sensaci�n de cumplir otro ritual corporativo, �que ya son demasiados!