Ayer anunci� un junior del grupo que se marcha. Llevaba a�o y medio con nosotros, despu�s de licenciarse. Este es su primer trabajo, y ha decidido cambiar de rumbo. Estuve charlando un rato con �l, y me parece perfecta su decisi�n: no le gusta lo que hacemos, no responde a las expectativas que se le hab�an planteado en su contrataci�n, y se ha movido para cambiar de rumbo a otro sitio completamente distinto.

Su argumento es aplastante: no me gusta lo que hago, y no veo que en los pr�ximos cinco a�os vaya a hacer algo que me guste. Prefiero salirme ahora que no estoy demasiado quemado ni marcado, aunque sea perdiendo algo de dinero, que intentar hacerlo dentro de unos a�os cuando todo sea m�s dif�cil.

As� que no pude por menos que darle la enhorabuena. Por aqu� sospecho que hay quien piensa que se equivoca. Que c�mo puede dejar “una empresa como esta”. Que “qu� tonter�a irse por menos dinero”. Que ha sido un “impaciente”. Pero a m� me parece muy coherente.

Lo m�s curioso es que, hablando con �l e indagando por su situaci�n, me dijo “joder, me est�s haciendo preguntas que [el gran jefe] no me ha hecho”. Y es que el gran jefe cree que todo es fant�stico, que la gente se va porque quiere pero que aqu� todo es maravilloso. Y si crees eso… ni se te ocurre preguntar un poquito.

As�, es dif�cil mejorar la propuesta de valor que se les hace a los m�s j�venes. Creemos que ofrecemos la pera limonera cuando es evidente que los chicos no piensan igual. Se van, y pensamos que es porque “ellos no encajan”. Pero llegar� un d�a en el que, con nuestra propuesta de valor, nadie quiera venir o quedarse. Pero no lo sabremos, porque seguiremos pensando que nuestra propuesta es inmejorable, y que el que no la quiera es que no “es suficientemente bueno”.