Durante mi trayectoria profesional, siempre he trabajado para consultoras “con marca”. Consultoras grandes, reconocidas y con prestigio (bueno, hasta que dejan de tenerlo… pero esa es otra historia).

Una marca de este tipo aporta indudables ventajas: por un lado, te abre puertas con mucha m�s facilidad que si vas como “Pepito P�rez Consulting”. Esto es algo que se refuerza, adem�s, por el tama�o que suelen tener y por la capilaridad entre clientes (el boca a oreja suele funcionar). Adem�s, solo por el hecho de ir bajo esa marca, tu misma persona es “bendecida” con los valores que se le atribuyen a tu marca: rigor, seriedad, experiencia, conocimientos…

Pero es un arma de doble filo. Porque, a la vez que te facilita algunas cosas, tambi�n te restringe otras. Una marca fuerte es una sombra que pende sobre t�, y que te hace ser en ocasiones m�s prudente de lo necesario. Antes de decir algo, te planteas si encaja con lo que dir�a un consultor de esa marca. Antes de actuar, te planteas si encaja con los valores de la marca. Antes de vestirte, de relacionarte, de… la marca est� ah�, como tu sombra.

Cuando la gente habla de cultura empresarial y parece que son p�jaros y flores, a mi me entran ganas de recomendarles que se pasen un tiempo por una de estas compa��as de cultura (personalizada en la marca) fuerte. Ver�n si es una realidad o una entelequia.

Y hay veces que esa cultura y esa marca pesan como losas. As� que, para alguien que como ya he dicho siempre se ha movido en esos entornos, es un soplo de aire fresco imaginar siquiera como tiene que ser la vida sin tener que ser fiel a una marca. Julen nos da una idea. Suena muy bien.