Hace unos d�as David Monreal mencionaba en un post una cifra que hablaba del nepotismo/amiguismo (la sobreponderaci�n de la condici�n de familiar y/o amigo en un proceso de contrataci�n).

No s� los dem�s, pero yo desde que tengo uso de “raz�n” he visto esa tendencia en el mundo de los negocios. Y en el de la consultor�a, ni os cuento. Nos movemos en un entorno de proyectos, en el que hay que vender todos los a�os un mont�n de horas de consultor. A veces, muchos miles de euros dependen de la decisi�n de un �nico comprador. Si ese comprador nos sugiere que tiene un hijo, o una sobrina, a quien le gustar�a trabajar en nuestra empresa… �qu� hacemos? Pues lo m�s l�gico en estos casos: levantar el tel�fono, llamar a la gente de Recursos Humanos y deslizarles el nombre. Total, ellos est�n m�s que acostumbrados a estos “compromisos”…

En el fondo, no importa mucho. El trabajo de consultor no requiere ser tampoco el m�s brillante del mundo, y los “candidatos recomendados” suelen tener un perfil razonable: educados en buenas universidades, etc. As� que… venga, para dentro. Total, si contratamos a tantos consultores al a�o, �qui�n lo va a notar?

Y luego repasas los nombres (y apellidos) de tus compa�eros y empiezas a detectar sospechosas “coincidencias” con clientes.

Y esto, por no hablar de los “becarios”. Porque si contratar a alguien recomendado no es dif�cil, cogerle para unas pr�cticas no remuneradas (o s�, es lo de menos) de un par de meses es coser y cantar. No importa que el chico o chica en cuesti�n no tenga ni el m�s m�nimo inter�s en la materia, o que no haya espacio o un triste ordenador para �l/ella, o que tu carga de trabajo no requiera un becario ni de lejos. El caso es que su pap�/mam�, o su t�o/t�a, quiere poner el nombre de la empresa en su curr�culum….

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