No cabe duda de que el email es un gran invento y que ha dinamizado la comunicaci�n empresarial. Sin embargo, a veces genera comportamientos curiosos…

  • Un cliente, al entregar su tarjeta de presentaci�n, tachaba la direcci�n de email: “yo esas cosas es que no las uso”.
  • A otro cliente le mandamos un informe. Al no recibir respuesta, le llamamos al cabo de unos d�as. “Ah, pues puede que lo hayais enviado. Es que recibo tantos mails que a veces cojo los �ltimos 100 y los borro sin mirarlos, si era algo importante ya llama la gente. �Me lo pod�is volver a mandar?”
  • La directora general de otra empresa nos ped�a que le envi�semos los documentos a su email en hotmail, en vez de a la direcci�n corporativa. “Es que la corporativa la maneja tambi�n la secretaria, y hay cosas que no debe ver”.
  • El gerente de otro cliente tiene el sistema configurado para recibir copia de todos y cada uno de los mails entrantes en la empresa, a cualquier nivel. As� tiene control sobre todo… y una saturaci�n de informaci�n que transforma en invisibles los correos que le enviamos.
  • Durante una �poca de “pradera”, nos convertimos en pulsadores compulsivos de F5 (la tecla para comprobar si hab�a nuevos correos). �Mi reino por un correo!

Y seguro que hay muchos m�s comportamientos enfermizos…

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