Bueno, he puesto “nuestros”, pero voy a hablar de “mis” padres. Cada uno sabr� si es algo extrapolable o no…

Cuando hablo con mis padres sobre mis dudas vitales/laborales, tengo dos sensaciones contrapuestas: por un lado, el l�gico agradecimiento por su voluntad de ayudarme y de aconsejarme (tan propia de unos padres). Y por otro, la distancia que me separa de ellos, el “no me entienden”.

Y es l�gico que no me entiendan, no se lo reprocho. Mis padres nacieron los dos en una misma ciudad, en la que se conocieron, se casaron, criaron a sus hijos y, si Dios quiere, vivir�n felices durante muchos m�s a�os. En sus cerca de 40 a�os de carrera profesional, solo han conocido una empresa, en la que entraron muy j�venes y en la que, si todo va bien, se (pre)jubilar�n en breve. En todos estos a�os, han trabajado duro (sin duda) pero en un horario (el m�tico “de 8 a 3″) que les ha permitido tener tiempo para hacer cosas, hasta para aburrirse.

Yo, por contra, he nacido en una ciudad, he estudiado en otra y ahora trabajo en otra. Me he casado con una mujer de una ciudad distinta de la m�a, y ahora vivimos en una que no es ni la suya ni la m�a. En mi carrera profesional he conocido tres empresas, en dos ciudades diferentes (adem�s de la movilidad temporal asociada a proyectos). Mi horario es extensivo (como el de casi todo el mundo hoy en d�a), lo que me obliga a concentrar en el fin de semana las tareas obligatorias y las de placer, sin casi tiempo para descansar.

As� que, cuando me planteo cosas como “d�nde voy a vivir”, “en qu� quiero trabajar”, “y si me cambio de empresa, o de negocio”, “c�mo consigo m�s tiempo libre”… me miran como a un bicho raro. Queri�ndome ayudar, pero con recetas que no me valen. Porque, con toda su experiencia vital, ellos no han vivido lo que yo. Habr�n tenido sus cuestiones, seguro. Pero eran las suyas, las de su momento. Ahora, las m�as, son otras.

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