Recuerdo el primer art�culo que publiqu� en prensa. El primero “de verdad”, porque ya antes hab�a hecho alguno para que otro lo firmase… pero �ste no, este ya era m�o, m�o. Ah� estaba mi nombre, �e incluso mi foto!

Qu� ilusi�n, oye. No par� hasta conseguir el ejemplar. Le envi� una copia a mi madre, que lo ley� todo orgullosa (aunque confes� que no entendi� nada de nada: “es que la letra es peque�a…” No, mam�, no es eso, es que escribo de cosas muy raras que ni yo mismo s� lo que digo). Me guard� una copia para m� mismo, habl� de ello con mis amigos, y hasta actualic� mi CV con la referencia “Art�culos publicados”.

Al poco tiempo, volv� a ver la revista. All� estaba mi foto, sonriente, mirando orgulloso desde la p�gina… y en la p�gina de al lado, la foto de otro tipo junto con otra columna. Pas� de p�gina, y ah� hab�a varias fotos de un grupillo que contaba su experiencia en no s� qu�. Otra p�gina de nombramientos, con al menos 10 fotos. Otra p�gina con una entrevista a otro fulano, por supuesto, con foto.

Y pens�: esto es en este n�mero de esta revista. Cada mes, cada semana, incluso cada d�a se publican decenas de revistas. Llenas de cientos de contenidos escritos por cientos de personas que, posiblemente, hayan ido orgullos�simos a comprar un ejemplar y le hayan mandado una copia a su madre.

Despu�s de esa reflexi�n, publicar no volvi� a ser tan especial… eso s�, tengo un bonito album “Mis mejores art�culos” (como no he escrito tantos, de momento est�n todos: ya habr� tiempo de seleccionar!), que guardo con todo el cari�o del mundo.