No, no me refiero a la pel�cula de Almodovar (que por cierto, no he visto) ni al hecho de no haber aparecido por aqui en varios d�as (o peor incluso, haber aparecido �nicamente en un mal disimulado arrebato de orgullo bloguero, sin contestar los comentarios que amablemente se han ido dejando en la red).

Me refiero a determinadas actitudes que a veces le toca a uno, por el hecho de ser el consultor, aguantar.

Pongamos que tiene uno una cita con un cliente. Diez minutos antes de la hora prevista, recibe una llamada de “aplazamos la reuni�n una hora” (�no se puede avisar antes? �qu� hago yo esta hora, que no me da tiempo ni a ir ni a venir a ning�n sitio?). Pero bueno, vale. Pasada esa hora (invertida en un agradable paseo en una ma�ana primaveral), vuelve uno a la cita, y le hacen esperar media hora en un pasillo. Pasada esa media hora, sale la persona a quien ven�as a ver y te dice que “tarda diez minutitos”, pas�ndote a una sala. Vaaale, diez minutitos m�s. Esos “diez minutitos” se transforman en otra hora y cuarto, en la que la PDA te da para lo que te da, y durante la cual has podido ver a la persona charlando amigablemente con otras personas por el pasillo, como si no tuviera a alguien esperando en la sala.

Finalmente, tres horas m�s tarde de la hora inicialmente fijada, se digna a pasar contigo. De los temas que ven�as a tratar (por petici�n suya, despu�s de haber tenido que andar “como puta por rastrojo” para poder enviar la documentaci�n de forma previa como te hab�a pedido el d�a anterior) no ha le�do nada, ni ha abierto el correo.

Y cuando dices que lamentandolo mucho te tienes que marchar, porque tienes otro compromiso por la tarde, te dicen que claro, que si voy acortando las reuniones, que as� no avanzamos, y que como se nota que tengo otros clientes m�s importantes.

T�cate los… con la mejor de las sonrisas aguantas la impertinencia, y con un “no sabes c�mo lo siento, ya hablaremos” sales por la puerta con cara de gilipollas, despu�s de haber trasnochado el d�a anterior y haber perdido toda la ma�ana.

Y todo por ser el �ltimo eslabon de la cadena tr�pica, y por necesitar que ese cliente te pague alguna de las infinitas horas que has invertido en �l.