En esta �poca de Oscars me ha dado por pensar en el gremio de los actores (y actrices, por lo de ser pol�ticamente correcto: �pero no lo voy a estar diciendo todo el rato!), y en c�mo representan el modelo esencial del trabajador del conocimiento…

Un actor invierte, �l mismo, en su formaci�n. No espera a que un tercero venga y le forme, es �l el que coge su petate y se va a Madrid, o a Nueva York, o a Londres… a tratar de aprender las claves de su oficio. Para ello hace el sacrificio que sea necesario, porque es consciente que sin esa formaci�n (y esos contactos, y esa experiencia…) no va a llegar a nada…

El actor es, adem�s, apasionado. Sin esa pasi�n es muy dif�cil, por no decir imposible, lograr el milagro de transformar un texto o un gui�n en una emoci�n. La t�cnica no vale, hace falta m�s.

Un actor no tiene “ideas” ni “productos” que registrar. Lo �nico que tiene es su capacidad de hacer algo �nico, que es transmitir emoci�n a trav�s de su personaje. Y eso lo tiene que hacer cada vez que se pone delante de una c�mara o sale a un escenario. A un actor de poco le valen sus “�xitos pasados”, m�s que como presuntos predictores de su rendimiento futuro. Pero tiene pocas, o ninguna, oportunidades de fallar. Por lo tanto, no puede nunca dormirse en los laureles…

Un actor es, en esencia, un mercenario. Hoy una pel�cula, ma�ana una obra de teatro alternativa, pasado un cameo en una serie de televisi�n. El actor basa su sustento en la b�squeda permanente de oportunidades y en el aprovechamiento de las mismas. Dif�cilmente establecer� relaciones a largo plazo con un director/productor, primero por la propia dificultad de cimentar dichas relaciones y segunda por la autolimitaci�n que supone para su talento y, por a�adidura, para su visibilidad externa.

Y es que un actor no puede encasillarse. Encasillarse significa dejar de innovar, dejar de aprender, dejar de buscar nuevas perspectivas, dejar de tener inquietudes. Si lo hace, su valor en el mercado caer� y ser� dif�cil recuperarlo.

Ser actor significa, casi por definici�n, vivir en un permanente alambre de equilibrista, con la conciencia de que todo lo hecho hasta un momento determinado no vale nada por s� mismo, y aun as� es la �nica manera de tener una oportunidad en el presente. Con la presi�n constante para seguir adelante, para mejorar, para innovar. Pero es que no hay alternativa, es eso o la obsolescencia y el olvido…

En esta era del conocimiento, donde el capital intelectual se pone (de m�s o menos boquilla, seg�n qui�nes) como el elemento fundamental del progreso, muchos nos vemos sometidos a la misma presi�n que el actor. Y como ellos, m�s nos vale buscarnos la vida si realmente queremos ganarnos la misma haciendo lo que m�s nos gusta. Solo manteniendo la curiosidad permanente, la inquietud por hacer cosas nuevas, la flexibilidad para aprovechar las oportunidades, la independencia para buscar nuevos territorios… podremos seguir transformando la realidad a golpe de ideas. Aunque eso implique inseguridad, riesgo o presi�n. Pero es que, para los trabajadores del conocimiento, no hay muchas alternativas.

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