Me he permitido la peque�a licencia de tomar prestado el t�tulo de la obra de Oscar Wilde para introducir el tema de hoy… y es que si cambiamos “Ernesto” por “McKinsey” o “Boston Consulting Group” o… hemos alcanzado el punto clave sobre el que quer�a hablar.

Es evidente que un trabajo ejecutado por una consultora de reconocido prestigio (p�ngase el nombre que se desee, tampoco son tantas) tiene algo m�s (un plus que es adecuadamente inclu�do en las tarifas , por cierto). Vamos, que un mismo informe firmado por una de las grandes , por el mero hecho de la marca, vale mucho m�s y es mucho m�s relevante que ese mismo informe firmado por una consultora desconocida.

Evidentemente hay elementos que, a priori, pueden hacer pensar que un informe de una grande es m�s valioso: tienen a la gente m�s preparada (se supone que sus procesos de selecci�n son muy exclusivos), invierten mucho en formaci�n e investigaci�n, tienen acceso a mucha m�s informaci�n (aunque sea por una cuesti�n de volumen)… ah, y si han ganado prestigio ser� a cuenta de �xitos pasados que, aunque no presupongan �xitos futuros, son un cierto indicador.

Sin embargo, todo esto… �les libera de cometer errores? No, ni mucho menos. Puede acotarlos en cierto sentido, pero hablando de estrategia todo el mundo puede meter la pata. �Valen tanto todos esos factores diferenciales como para justificar tal diferencia de precios? Pues… en mi opini�n no.

Al final, el mercado de la consultor�a resulta ser enormemente marquista. Uno no compra McKinsey solo por la calidad intr�nseca de su producto (que la tiene, no lo pongo en duda): lo compra por el prestigio que da ante sus mercados (internos y externos).

Lo cual no me parece ni bien ni mal, pero es un hecho a tener en cuenta para todos los implicados: clientes, trabajadores, competidores…